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De la región deنیشابورNeyshabur

Neyshabur se encuentra en la provincia de Jorasán Razaví, en el noreste de Irán, a unos 120 km al oeste de MashhadVer en el diccionario de alfombras por carretera, en la llanura que se abre al pie de la vertiente sur de la cordillera de Binalud. Es una ciudad antigua, de fundación sasánida atribuida a Sapor I, que entonces se llamó Nev-Shapur, «la hermosa ciudad de Sapor». En lo que toca a las alfombras, pertenece a la región tejedora de Jorasán: Mashhad, la gran ciudad de talleres de la provincia, es su vecina por el este; al norte quedan QuchanVer en el diccionario de alfombras y sus telares tribales kurdos; KashmarVer en el diccionario de alfombras cae casi en línea recta al sur, y MoudVer en el diccionario de alfombras, camino de Birjand, ya en Jorasán del Sur, todavía más abajo. Una alfombra vendida como Neyshabur pertenece a esa familia jorasaní.
Su prestigio medieval se debió al saber, a la cerámica y al comercio, no a las alfombras. Fue capital tahirí de Jorasán y más tarde capital selyúcida, y conserva las tumbas de Omar Jayam y de Attar. Los mongoles la saquearon en 1221 y, más avanzado ese mismo siglo, un terremoto la arruinó; después de aquello, el propio núcleo urbano cambió de emplazamiento. No hay, pues, una línea de tejido ininterrumpida entre aquella época y la actual. El tejido de alfombras en Mashhad, el centro de la provincia, se documenta a finales de la Edad Media, y la producción comercial de taller que hay detrás de las alfombras de Jorasán que hoy se venden es bastante más reciente todavía.
La turquesa es lo único por lo que esta ciudad es famosa en el mundo entero. Las minas de Ma'dan, al noroeste de la ciudad, son la fuente clásica de la turquesa persa y llevan siglos explotándose. Conviene decirlo sin rodeos: no hay nada que demuestre una relación entre esa piedra y las alfombras. Los colores de las alfombras de Jorasán no giran en torno a la turquesa, y nada vincula las minas con las tinas de tinte. La turquesa explica que el nombre de la ciudad viajara mucho más allá de la provincia; las alfombras son una historia aparte y mucho más discreta. Quien venda las dos cosas como si fueran una sola está vendiendo un vínculo que no se ha demostrado.
Las alfombras persas toman el nombre de la localidad que las teje, y en Jorasán ese nombre pasa por Mashhad. Las piezas de los pueblos pequeños de la provincia se terminan en telares locales y de allí se llevan a Mashhad, que es donde entran en el mercado. Así, una alfombra tejida a un par de horas de carretera puede llegar al comprador con el nombre de la ciudad grande, y buena parte del tejido jorasaní se vende exactamente así. La consecuencia es muy práctica: como los pueblos pequeños no son nombres de marca célebres, su trabajo suele costar bastante menos que una calidad equivalente de TabrizVer en el diccionario de alfombras, Mashhad o KashanVer en el diccionario de alfombras.
El dibujo de los talleres urbanos de Jorasán es casi siempre curvilíneo. La alfombra típica lleva un gran medallónVer en el diccionario de alfombras Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras sobre un campo tupido de flores de trazo curvo, con esquineros florales; en Mashhad esos esquineros se dibujan inusualmente alargados, y ese alargamiento es la seña más clara de la ciudad, no de la provincia entera. Dentro de ese esquema caben variantes: un campo de dibujo continuo sin medallón alguno, un medallón sin esquineros o la composición completa de medallón y esquineros. El ramaje que une las flores varía otro tanto: grueso en unas piezas, finísimo en otras y, a veces, suprimido del todo, de modo que las flores quedan sueltas sobre el fondo.
Junto a la palmetaVer en el diccionario de alfombras Shah Abbasi aparece con frecuencia el botehVer en el diccionario de alfombras. La palabra designa una flor o una planta en capullo, el motivo simboliza el crecimiento y la regeneración, y se dibuja como una gota, una llama o una piña que se repite por todo el campo. El dibujo herati o mahi también se ve en la provincia: un rombo con una rosetaVer en el diccionario de alfombras dentro, enmarcado por hojas curvas que parecen peces, pues mahi significa «pez» en persa. Es la firma de Moud, al sur del Jorasán histórico, y un motivo secundario en Mashhad; nada lo liga de manera especial a Neyshabur. Lo mismo ocurre con los paneles narrativos y las composiciones de jardín, que son la especialidad de Kashmar y no de esta ciudad.
Donde la provincia resulta más reconocible es en el color. El rojo de Jorasán es un rojo vino o burdeos que se obtiene de una planta tintórea de la zona, y es el color que mejor identifica a la comarca: quien busque precisamente un burdeos está mirando donde debe. A su alrededor se sitúan el azul oscuro y el azul claro, el crema y el marfil, y el verde; una pieza fina puede presentar fondo marfil con un medallón rojo y azul marino perfilado en azul, verde, oro y rosa. Kashmar, más al sur, trabaja un registro deliberadamente más sosegado de cremas amarronados, azules suaves y un rosa muy característico, una gama de tonos tierra realmente difícil de encontrar en cualquier otro tejido persa.
El peloVer en el diccionario de alfombras de lanaVer en el diccionario de alfombras sobre base de algodón es la norma en todas estas localidades de Jorasán. Son pueblos con rebaños grandes, que trabajan con su propia lana y con tintes vegetales recogidos en los alrededores y no con materiales comprados fuera; de ahí, en buena parte, que los colores de la zona se repitan con tanta constancia de una pieza a otra. Las alfombras más finas emplean lana korkVer en el diccionario de alfombras, el primer esquileoVer en el diccionario de alfombras de las ovejas jóvenes: más grasa, más suave al tacto y más luminosa una vez teñida. La base de sedaVer en el diccionario de alfombras solo aparece en alfombras de taller excepcionales y es rara; en las piezas antiguas de seda y lana de la provincia la seda está únicamente en la base, mientras que el pelo sigue siendo de lana pura.
No existe una cifra de nudos fiable para Neyshabur en concreto, y conviene desconfiar de cualquier descripción que ofrezca un intervalo exacto. Lo que sí puede decirse es relativo. El dibujo floral curvo y menudo de Mashhad necesita una densidadVer en el diccionario de alfombras alta para sostener sus curvas, por encima de los 250 nudos por pulgada cuadradaVer en el diccionario de alfombras (KPSI, la unidad que usa el oficio), y las alfombras de taller excepcionales de esa ciudad han llegado mucho más arriba sobre base de seda, que es lo que hace físicamente posibles esas cifras. Un dibujo de trazo más amplio se sostiene perfectamente con mucho menos, y el tejido tribal de la provincia ronda los 120 KPSI. Más vale juzgar la pieza que se tiene delante que la etiqueta que lleva.
Los formatos de Jorasán se reparten según esa misma línea. Los talleres urbanos son conocidos por las alfombras grandes, pensadas para cubrir toda la habitación, mientras que los telares tribales del norte se quedan entre lo pequeño y lo mediano y rara vez pasan de unos 1,8 metros de ancho o de unos 4 metros de largo, sencillamente porque esos telares son compactos. La base de algodón explica en parte que el tejido de las ciudades pueda crecer sin perder la escuadra: una urdimbre de algodón mantiene la tensión allí donde las de lana y de pelo de cabraVer en el diccionario de alfombras de los telares tribales tiran y ceden, y por eso una pieza tribal de Jorasán acaba algo fuera de escuadra con más frecuencia que una de taller.
Para quien compra, el resumen honesto es que una Neyshabur es una alfombra de Jorasán procedente de una localidad que no figura entre los nombres célebres y que eso, en general, es una buena noticia. Los materiales, la paleta y el vocabulario decorativo son los de la provincia, y la factura de un buen ejemplar aguanta la comparación con la de las ciudades más conocidas. Como el nombre no garantiza nada en ningún sentido, lo mejor es dejar que la alfombra se defienda sola: el tacto de la lana, la nitidez del dibujo allí donde se encuentran las curvas y la regularidad del anudado por el revés son lo que separa una buena pieza jorasaní de una corriente.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
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Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.