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De la región deبلوچستانBaluchistán

Baluchistán, que también se escribe Beluchistán, es una tierra árida y montañosa repartida hoy entre tres países. En Irán corresponde a la provincia de Sistán y Baluchistán, en el extremo sureste, con capital en Zahedán; en Pakistán es Baluchistán, la mayor de sus provincias, articulada en torno a Quetta; en Afganistán, el rincón suroccidental que rodea Nimruz. El nombre significa tierra de los baluchis, de modo que designa a un pueblo antes que a una frontera. La distinción importa en el mundo de la alfombra, porque las piezas que el oficio llama baluchVer en el diccionario de alfombras toman el nombre de quienes las tejen y no de la provincia, y tejedores y provincia no coinciden sobre el mapa.
Casi todos los telares están en el extremo opuesto de Irán, en la frontera nororiental con Afganistán: la vertiente iraní de Jorasán y, al otro lado de la raya, los distritos del oeste afgano. Desde allí las alfombras terminadas viajan a MashhadVer en el diccionario de alfombras, porque aquella zona fronteriza apenas tiene compradores propios y el gran bazar más cercano es el único mercado a su alcance. Quien se guíe solo por la etiqueta imaginará el desierto próximo a Zahedán. La realidad es otra: un tejido de la frontera de Jorasán que lleva el nombre de un pueblo cuyo territorio, en sentido amplio, se extiende mucho más al sureste.
Las alfombras persas suelen clasificarse en tres grupos, las de ciudad, las de aldea y las tribales, y la baluch pertenece de lleno al tercero, junto a la turcomana y la qashqaiVer en el diccionario de alfombras. El telarVer en el diccionario de alfombras es lo bastante compacto para desplazarse con la familia, que pasa la primavera, el verano y el otoño en busca de pastos y solo se asienta en invierno. Tejer es tarea de invierno. Tampoco hay cartón ni plano en papel que gobierne el dibujo: los motivos se guardan en la memoria y pasan de una generación a la siguiente, y por eso dos alfombras baluch del mismo tipo rara vez coinciden en proporciones, en anchura de cenefa ni en color.
El repertorio decorativo bebe a la vez de tres tradiciones, la turca, la persa y la caucásica, y su pariente persa más próximo es la alfombra turcomanaVer en el diccionario de alfombras, anterior en el tiempo. Ambas comparten el gusto por un motivo pequeño repetido en hileras por todo el campo. La manera más rápida de distinguirlas es el fondo: la obra turcomana dispone sus octógonos sobre un fondo pardo rojizo, mientras que los fondos baluch tiran a oscuro, hacia el azul marino, el marrón intenso y el casi negro. El tejido turcomano antiguo asignaba además a cada tribu su propio juego de formas, mientras que el repertorio baluch se mueve con más libertad.
Ese motivo compartido es el gulVer en el diccionario de alfombras, que en persa significa flor y suele dibujarse como una flor inscrita en un octógono. Si por algo se conocen las alfombras baluch es por repetirlo: unas veces como campo corrido, la misma flor avanzando de cenefa a cenefa, y otras con medallones repetidos que llevan el gul dentro y fuera de su contorno. Más allá del gul, el repertorio abarca el árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras, las composiciones geométricas de repetición continua y el botehVer en el diccionario de alfombras, esa lágrima de punta doblada que las fábricas europeas copiarían más tarde con el nombre de paisley o cachemir. Todo ello está trazado con líneas rectas y planos lisos, nunca con curvas.
Las alfombras de oración son una especialidad baluch. El formato aparece sobre todo en un puñado de procedencias, entre ellas QomVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras, MalayerVer en el diccionario de alfombras, las turcomanas y las propias baluch, y su diseño es unidireccional, pensado para mirarse desde un solo extremo. Se organiza en torno al mihrabVer en el diccionario de alfombras, el nicho en arco de la mezquita que orienta la oración, que señala la dirección de La Meca hacia la que se vuelve el orante. El arco puede ser arquitectónico, con columnas y detalle fino, o quedar reducido a la silueta desnuda del nicho. Al ser un formato pequeño por naturaleza, encaja bien en un tejido que rara vez alcanza grandes medidas.
El color es lo que vuelve reconocible este tejido a primera vista. Los fondos son oscuros: azul oscuro, rojo oscuro y marrón en muchos matices, a veces tan profundos que pasan por negro. Sobre ellos los realces son pocos y muy medidos: marfil ante todo, con algunos azules más claros y un morado oscuro. El conjunto resulta sobrio de entrada y se vuelve más legible a medida que el dibujo se despega del fondo. Las alfombras de pasillo se inclinan aún más hacia el rojo intenso, el negro profundo y el rojo amarronado, una gama que perdona manchas y pisadas y explica en buena parte que acaben tantas veces en la cocina.
Las piezas antiguas y las recientes comparten los mismos dibujos, así que la edad no se lee en el diseño sino en el color. Los oscuros más hondos y saturados corresponden a las alfombras antiguas; el tejido posterior mantiene intacto el repertorio, pero trabaja con una gama más amplia y por lo general más clara, con mayor variación de una pieza a otra. Quien busque el fondo baluch casi negro de siempre tendrá que mirar hacia lo antiguo. Si la alfombra va a vivir en una habitación con poca luz natural, el colorido reciente suele resultar más llevadero.
El material encierra el único dato técnico de veras insólito de este tejido. La mayoría de las alfombras persas se montan sobre una base de algodón, mientras que la baluch es normalmente lanaVer en el diccionario de alfombras sobre lana: peloVer en el diccionario de alfombras de lana anudado sobre una urdimbre y una trama que también son de lana. Las bases de algodón existen, pero son la excepción y no la regla. Una estructura íntegramente de lana da una alfombra más ligera y flexible al tacto que otra equivalente con base de algodón, y fácil de enrollar y llevar de un sitio a otro, que es justo lo que necesitaba un tejido hecho por gente en movimiento.
La densidadVer en el diccionario de alfombras de nudo se sitúa entre media y basta si se compara con las alfombras de ciudad, y las cifras que se citan varían mucho: los recuentos publicados van desde bastante menos de cien hasta unos ciento setenta nudos por pulgada cuadradaVer en el diccionario de alfombras (KPSI, por sus siglas en inglés). La propia horquilla es el dato útil, porque significa que ningún número describe por sí solo una alfombra baluch. No es una alfombra que se compre por la finura. El recuento de nudos se entiende mejor como indicio del estilo que como nota de calidad: una cifra alta paga sobre todo el detalle curvilíneo, y el repertorio baluch no lo necesita.
El pelo se corta bajo, o de bajo a medio, en la misma franja que el turcomano, el kazakVer en el diccionario de alfombras y el ushakVer en el diccionario de alfombras. Eso tiene una consecuencia práctica que conviene conocer antes de comprar: con el pelo bajo, una puerta que abre hacia dentro pasa por encima de la alfombra sin rozarla, y por eso las alfombras de pasillo baluch, conocidas por ser finas, son la solución habitual para un pasillo corto al que dan varias puertas. El corte bajo mantiene además nítido el dibujo anguloso, porque hay menos pelo que se aplaste y desdibuje los contornos con el paso de la gente.
Las medidas son pequeñas por una razón estructural, no de gusto: una familia trashumante no puede montar un telar grande en un sitio fijo. Cabe esperar en torno a 1,2 por 1,8 metros, 1,5 por 2,1 metros o menos, además de las alfombras de pasillo. Las baluch de gran formato son realmente escasas. Las de pasillo llegan como mucho a unos tres metros y medio, y suelen quedarse más cortas, con anchos muy dispares, desde tiras estrechas de bastante menos de medio metro hasta piezas de metro y medio. Para una alfombra que cubra toda una habitación, este no es el tejido que hay que buscar.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
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Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.