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De la región deسنندجSanandaj
Dos nudos por mechón: un pelo más denso y duradero que conserva su dibujo durante décadas.

Sanandaj se alza en las tierras altas de los montes Zagros, al oeste de Irán: es la capital de la provincia del Kurdistán y la ciudad principal del Kurdistán iraní, al oeste de HamadánVer en el diccionario de alfombras, al otro lado de las montañas, y al suroeste de BijarVer en el diccionario de alfombras, otra localidad alfombrera. El nombre antiguo del lugar es SennehVer en el diccionario de alfombras, escrito también Senna o Sehna, y aunque en el mapa figure hoy Sanandaj, el comercio de la alfombra nunca asumió el cambio: las alfombras de las aldeas kurdas que tejen en la ciudad y en sus alrededores se compran y se venden en todas partes como Senneh. Los dos nombres designan el mismo sitio, de modo que una alfombra ofrecida como Senneh y otra ofrecida como Sanandaj proceden de las mismas montañas.
Aquí se teje en las aldeas y, en el mundo de la alfombra persa, eso no es una etiqueta vaga sino una categoría precisa. Las tejedoras están asentadas en un lugar fijo y trabajan en un entorno semiorganizado, sin los cartones de diseño completos que sigue un taller urbano, pero con mucho mejor acceso a buena lanaVer en el diccionario de alfombras, buenas herramientas y buenos tintes del que puede llevar consigo una tribu en movimiento. El resultado queda a medio camino: más disciplinado y más regular que el tejido tribal, más libre y más personal que una alfombra hecha según el plano de un diseñador. Dentro de ese terreno intermedio, las Senneh figuran entre las piezas más meticulosas.
La estructura es lo que distingue a estas alfombras y lo primero en lo que conviene fijarse. Las Senneh son de trama simpleVer en el diccionario de alfombras: un único hilo de trama cruza las urdimbres, sobre él se anuda una hilera de nudos, otro hilo de trama vuelve a cruzar, y así sucesivamente, mientras que una alfombra de trama dobleVer en el diccionario de alfombras intercala dos pasadas de trama entre cada hilera de nudos. Al dar la vuelta a una Senneh, esas tramas únicas asoman entre las hileras de nudos como un fino zigzag de puntos blancos, una señal fácil de reconocer en cuanto se ha visto una vez. La trama simple es la norma en toda la zona de Hamadán, así que las alfombras de Hamadán, KarajaVer en el diccionario de alfombras y MehrabanVer en el diccionario de alfombras se construyen igual, y lo mismo ocurre con buena parte del tejido tribal kurdo y del tejido de aldea BakhtiariVer en el diccionario de alfombras.
Menos pasadas de trama dan una alfombra más delgada, más plana y más flexible, con un reverso claramente legible. Conviene saberlo, porque el otro tejido célebre de la misma provincia va justo en la dirección contraria. En Bijar, a menos de cien kilómetros al noreste, se teje con trama doble y sus piezas son conocidas como las alfombras de hierro de Irán: allí las tejedoras mantienen la lana húmeda mientras anudan, de modo que la trama y los nudos pueden compactarse a golpes con una fuerza enorme. Dos localidades kurdas, dos filosofías estructurales opuestas: una Senneh se asienta pegada al suelo y cae con facilidad, mientras que una Bijar se comporta como una losa.
Llegados a este punto conviene deshacer una confusión muy extendida. El nudo asimétricoVer en el diccionario de alfombras que se emplea en casi toda Persia recibe indistintamente el nombre de nudo persa, nudo farsi o nudo Senneh, y muchas descripciones dan por hecho que una alfombra Senneh estará anudada con él. No lo está. Estas piezas se tejen con el nudo simétricoVer en el diccionario de alfombras, llamado también nudo turco o nudo Ghiordes, el que se usa en Turquía, el Cáucaso y las zonas turcas y kurdas del noroeste de Irán. El nudo lleva el nombre de la ciudad; las alfombras de la ciudad usan el otro.
Esa elección se nota en el aspecto de las alfombras. El nudo asimétrico permite más detalle, densidades de nudo más altas, un tacto más blando y un dibujo curvilíneo y fluido. El nudo simétrico, uno de los más antiguos que se conocen, sujeta las urdimbres de manera uniforme y se presta en cambio a una geometría firme y bien perfilada; en ese grupo, la Senneh comparte sitio con TabrizVer en el diccionario de alfombras, Bijar, HerizVer en el diccionario de alfombras, las alfombras de aldea de Hamadán y las tribales Bakhtiari. Como categoría, el tejido de aldea se anuda más fino que el tribal y menos fino que el de un taller urbano, y la Senneh se sitúa en esa franja. En cualquier caso, la densidadVer en el diccionario de alfombras por sí sola es mal indicador de calidad, como demuestran las alfombras Heriz, famosas por su longevidad.
La mayoría de las Senneh tienen un diseño geométrico: un medallón geométricoVer en el diccionario de alfombras sobre un campo despejado, o una repetición geométrica que cubre toda la superficie de borde a borde. También se encuentran campos de botehVer en el diccionario de alfombras y de herati, y cuando alguien busca un dibujo geométrico en un formato pequeño, esta es una de las referencias habituales, junto con las QashqaiVer en el diccionario de alfombras, las de ZanjanVer en el diccionario de alfombras, los tejidos del Azerbaiyán iraní y las KazakVer en el diccionario de alfombras caucásicas. El dibujo es preciso más que recargado. El placer de una buena Senneh está en la limpieza con que se reparten las figuras, no en la cantidad de detalle que se ha acumulado en ellas.
El herati, el segundo diseño más asociado a la ciudad, se conoce también como motivo mahi o motivo del pez, ya que mahi significa pez en farsi. Un pequeño rombo encierra una flor o rosetaVer en el diccionario de alfombras y unas hojas curvas lo rodean; fue la forma de esas hojas la que sugirió un pez y dio al dibujo su otro nombre. La unidad se repite por todo el campo, ya sea como repetición general o dispuesta alrededor de un medallón centralVer en el diccionario de alfombras, y toma su nombre de HeratVer en el diccionario de alfombras, la ciudad del actual Afganistán donde nació. También lo dibujan en Tabriz, Bijar, Hamadán y Zanjan, así que en una Senneh lo que identifica la pieza no es el motivo, sino el modo de resolverlo.
El boteh, el otro motivo recurrente, es esa lágrima de punta doblada que Europa tomó prestada y rebautizó como paisley, por la ciudad escocesa cuyas fábricas la estampaban; en español se conoce también como cachemir. La palabra farsi significa flor o planta en ciernes, y en la cultura persa la figura representa el crecimiento y la regeneración. En una Senneh suele aparecer como repetición general, con hileras de pequeños boteh angulosos que cubren todo el campo, algo que desde el otro extremo de la habitación se lee como una textura tranquila y, al acercarse, como cien dibujos pequeños e independientes.
El color sigue un esquema constante. Los campos suelen ser rojo oscuro, azul marino oscuro o marrón, y a veces beige, y el dibujo se perfila en amarillo, rojo, verde claro, naranja y blanco. El efecto es profundo más que vivo: un fondo oscuro con pequeños toques nítidos. Un campo tan oscuro disimula el trasiego de un pasillo o de una entrada, mientras que los contornos claros mantienen el dibujo legible desde el otro lado de la habitación; en buena medida, esa combinación explica por qué este tejido encaja sin esfuerzo en estancias que ya tienen color de sobra.
Los materiales son sencillos: base de algodón y peloVer en el diccionario de alfombras de lana. Las urdimbres de algodón mantienen la medida y conservan la alfombra a escuadra, mientras que la lana aporta el color y aguanta el desgaste. Los formatos van de pequeños a medianos, con las alfombras de pasillo como producto básico de la región, así que el sitio natural de una Senneh es un pasillo, el lateral de una cama, un despacho o cualquier rincón donde una alfombra mayor resultaría excesiva. Las piezas antiguas de unos 1,5 por 2,1 metros se sitúan en el extremo alto de la horquilla habitual; las Senneh de medida de salón son la excepción, no la regla.
Lo que cabe esperar de una de estas alfombras en el uso diario se deduce de su construcción. Una alfombra de trama simple sobre base de algodón pesa poco para su tamaño, se levanta, se enrolla y se gira sin esfuerzo, y cabe sin problema bajo un mueble o detrás de una puerta con poca holgura. Sobre suelo duro pide una base antideslizanteVer en el diccionario de alfombras fina, porque una alfombra plana se desliza con más facilidad que una pesada. Son alfombras que se compran por la disciplina del tejido y la claridad del dibujo, no por su opulencia, y el reverso de una buena pieza, con sus hileras de motas blancas, dice tanto de ella como el derecho.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
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Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.