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De la región deخراسانKhorasan

Khorasan es el nombre antiguo de todo el extremo nororiental de Irán y suele interpretarse como la tierra donde nace el sol. Históricamente se extendía mucho más allá de la frontera actual y abarcaba HeratVer en el diccionario de alfombras, Balkh y Merv; de ahí que el dibujo herati o mahi (pez), presente en tantas alfombras de la zona, lleve el nombre de una ciudad que hoy queda en Afganistán. En 2004 la parte iraní se dividió en tres provincias: Khorasan Razaví, con capital en MashhadVer en el diccionario de alfombras; Khorasan del Norte, en torno a Bojnurd, y Khorasan del Sur, en torno a Birjand. En la etiqueta de una alfombra, la palabra sigue designando la región antigua y más amplia.
Es, por tanto, un paraguas más que un estilo único, y la distancia entre los tejidos que ampara resulta considerable. Mashhad es un tejido de ciudad: se dibuja sobre papel y se teje siguiendo un modelo, como en TabrizVer en el diccionario de alfombras, Isfahan, KashanVer en el diccionario de alfombras o QomVer en el diccionario de alfombras. KashmarVer en el diccionario de alfombras y MoudVer en el diccionario de alfombras son tejidos de pequeña ciudad, con repertorios propios y asentados. QuchanVer en el diccionario de alfombras, al noroeste de Mashhad camino de la frontera turcomana, es tribal: sin cartón ni papel, con los dibujos guardados en la memoria y transmitidos de una generación a otra. Una alfombra descrita como khorasaní puede ser cualquiera de ellas, de modo que conviene saber de qué localidad procede antes de juzgar lo que se tiene delante.
Mashhad creció alrededor del santuario del imán Reza, y su tradición de tejido se remonta a la baja Edad Media. Su prestigio moderno se forjó en el siglo XIX, cuando los compradores ingleses y alemanes impulsaron un enorme comercio de exportación de alfombras persas y la ciudad se convirtió en uno de los pocos centros de producción que lo abastecían, junto a Tabriz, SultanabadVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras. Hoy es la segunda ciudad más poblada del país y uno de los escasos nombres que, por sí solo, sitúa una alfombra en lo más alto de la gama persa.
La presencia kurda en el noreste responde a una política deliberada. Los safávidas no lograban defender este tramo de frontera frente a las tribus vecinas, entre ellas los turcomanos, así que trasladaron clanes kurdos hacia el este y los asentaron aquí, conscientes de su fama de guerreros temibles. Los recién llegados trajeron consigo su vocabulario ornamental anatolio, que nunca llegó a perderse. Las alfombras de Quchan siguen pareciéndose más al trabajo kurdo del Cáucaso y de Anatolia que a nada de lo que se teje más al sur de Irán, aunque cuatro siglos en Khorasan les hayan dado un carácter propio.
El dibujo de Mashhad es curvilíneo casi sin excepción. La composición clásica consiste en un solo medallónVer en el diccionario de alfombras shah abbasiVer en el diccionario de alfombras de gran tamaño sobre un campo cuajado de flores, rematado con cantoneras florales; esas esquinas son de un alargamiento poco habitual, y la cantonera estirada es precisamente la señal más fácil de reconocer en una Mashhad. Las versiones florales de repetición continua, sin medallón alguno, resultan igual de frecuentes, y la ramificación que sostiene las flores va de gruesa y rotunda a finísima, o desaparece del todo. El botehVer en el diccionario de alfombras, esa forma de gota que parece un brote, y la retícula herati aparecen también como motivos secundarios.
El color es el otro rasgo identificativo. El rojo de Mashhad es un rojo vino o burdeos antes que un carmesí vivo, obtenido de tintes vegetales locales, y suele ocupar el campo, contrastado con azules oscuros y claros y con tonos crudos. Las piezas que combinan seda y lanaVer en el diccionario de alfombras son aún más oscuras, con fondos negros o burdeos animados por beis, dorado, verde claro y amarillo. Dentro del conjunto persa, Mashhad figura entre los tejidos luminosos, en compañía de Tabriz, NainVer en el diccionario de alfombras y Kashan, y no entre los apagados.
Kashmar, una pequeña localidad al suroeste de Mashhad cuyas alfombras viajan a la ciudad para llegar al mercado, trabaja en un lenguaje completamente distinto. Su seña de identidad es el diseño de jardín o de paneles: el campo se divide en compartimentos, cada uno con su propia escena (un árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras, pájaros en vuelo, ciervos en un bosque, un lago, las cuatro estaciones), de manera que la alfombra se lee como una sucesión de cuadros y no como un único dibujo. También son suyas las piezas figurativas con personajes de la historia antigua y un diseño de jarronesVer en el diccionario de alfombras que reparte recipientes de flores por todo el campo. Los grandes rebaños de la zona permiten a Kashmar hilar su propia lana y teñirla con plantas recogidas en los alrededores; la paleta es contenida y terrosa, construida sobre un marrón óxido anaranjado que apenas se encuentra en otros tejidos persas.
Las alfombras de Quchan son geométricas allí donde el resto de la región es floral. Dos composiciones concentran casi toda su producción: una columna de medallones geométricos repetidos que recorre el campo a lo largo, y una versión continua del mismo vocabulario, sin centro alguno. Los fondos son rotundos, en rojo, azul o marfil, con toques en varios marrones además de dorado, gris y negro. La construcción es tribal de principio a fin: base de lanaVer en el diccionario de alfombras o pelo de cabraVer en el diccionario de alfombras, peloVer en el diccionario de alfombras de lana y ni rastro de algodón, con una densidadVer en el diccionario de alfombras media de unos 120 nudos por pulgada cuadradaVer en el diccionario de alfombras (KPSI, por sus siglas en inglés), muy por encima de lo habitual en una alfombra hecha así.
Moud, en el Khorasan del Sur, cerca de Birjand, es el tejido herati de la región: la pequeña retícula repetida de peces y hojas cubre la mayor parte de su producción, en beis, azul, teja y rojo. La base es de algodón bajo un pelo de lana, con seda incorporada al pelo en algunas piezas recientes, y las alfombras de Moud suelen ir firmadas, ya que buena parte de la producción procede de la Iran Carpet CompanyVer en el diccionario de alfombras. Es el más discreto de los tejidos de Khorasan y, como la retícula se repite de manera uniforme por todo el campo, el dibujo se sigue leyendo aunque los muebles tapen una parte.
En cuanto a materiales, una Mashhad es normalmente lana sobre base de algodón. La seda, cuando aparece, está en la base y no en el pelo, aunque las piezas recientes de seda y lana también la llevan en el pelo. En lo más alto de la gama la lana es kork, el primer esquilado de corderos jóvenes, más grasa y más suave, que toma el tinte con mayor brillo. No toda procede de la zona: hay piezas de taller tejidas con lana neozelandesaVer en el diccionario de alfombras importada, de modo que el lustre depende de la calidad del vellón y del teñido, no de las montañas que rodean la ciudad. La ramificación fina necesita nudos para definirse, y por eso las Mashhad arrancan por lo general por encima de los 250 KPSI; algunas piezas de taller excepcionales se han tejido rozando los mil nudos. A ese nivel la base tiene que ser de seda, porque el algodón no aguanta esa densidad.
La altura del pelo es lo que más diferencia a estos tejidos en el uso diario. Mashhad se sitúa junto a HerizVer en el diccionario de alfombras, BijarVer en el diccionario de alfombras y SaroukVer en el diccionario de alfombras entre las alfombras persas de pelo alto, lo que la convierte en una elección segura para un pasillo, un recibidor o cualquier suelo de paso constante; Kashmar, de pelo más corto, encaja mejor en un comedor, donde las sillas tienen que moverse. Los tamaños cubren todo el abanico. Tanto Mashhad como Kashmar son conocidas por las alfombras de gran formato, incluidas las que superan la medida de una habitación, mientras que Quchan rara vez pasa de 1,8 metros de ancho o de 4 de largo, limitada por su telarVer en el diccionario de alfombras tribal, compacto, y dedica parte de su producción a bolsas y tapetes pequeños.
Los talleres con firma son una especialidad de Khorasan, y Mashhad es donde se concentran. Astan Quds RazaviVer en el diccionario de alfombras, la fundación del santuario, tejió únicamente para sus propias salas y patios hasta que en 1983 se amplió hasta convertirse en una de las mayores empresas de alfombra anudada a mano del país; su reputación descansa en un teñido que da rojos y azules de una profundidad poco común. KhadiviVer en el diccionario de alfombras, fundado por un diseñador que llegó a capataz en el taller AmoghliVer en el diccionario de alfombras, sigue en manos de uno de sus hijos. Saber, especializado en alfombras monumentales, dejó de estampar su firma tras la muerte del fundador, y ZarinehVer en el diccionario de alfombras, recordado por sus fondos crudos y sus ramas finísimas, cerró hace décadas. Las alfombras firmadas de esas dos casas son, por tanto, un número cerrado, y eso es justamente lo que atrae a los coleccionistas.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
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