Sutiles cambios de color dentro de una alfombra hecha a mano, con frecuencia visibles como bandas horizontales que recorren el campo. Se deben a que los sucesivos lotes de tinte nunca coinciden con exactitud, a que las diferencias en el contenido de grasa y aceite de la lana hacen que los colores cambien de forma desigual con los años y, en las zonas de color crema tejidas con lana sin teñir, a que la fibra cambia de tono con el paso del tiempo. El abrash suele hacerse más patente con los años, por lo que en una alfombra antigua se considera señal de tintes naturales y de producción manual, y no un defecto, mientras que en una alfombra más reciente se sigue revisando que el color sea uniforme. Las alfombras hechas a máquina y algunas alfombras nuevas anudadas a mano lo imitan deliberadamente.
Alfombra de unos 100 años o más, la edad a partir de la cual una alfombra vieja se considera antigua y no vintage ni semiantigua. La edad es un factor de precio por sí misma —una alfombra de 200 años cuesta más que otra igual de 100— y actúa junto con el valor artístico, la rareza (por ejemplo, la producción de un taller que ya no existe) y el estado de conservación. Las alfombras muy antiguas suelen haber sido reparadas en algún momento, algo que se aprecia con más claridad por el reverso, de modo que el estado exige una inspección minuciosa.
Pérdida de altura del pelo por el uso, con la lana gastada por las pisadas hasta quedar corta o desaparecer del todo, normalmente en un pasillo, una entrada u otra zona de mucho tránsito; en una alfombra muy desgastada empieza a asomar la base. El desgaste uniforme en toda la superficie es lo normal en una alfombra antigua y lo que buscan los compradores; el irregular, con zonas cortas o peladas junto a otras de pelo más lleno, debilita esas zonas y hace probables nuevos daños, lo que importa sobre todo en una alfombra destinada a un tránsito intenso. Girar la alfombra periódicamente reparte el desgaste. El desgaste por sí solo no permite datar una alfombra, pues algunas alfombras nuevas se acaban con el pelo rebajado para que parezcan viejas y algunas antiguas conservan el pelo lleno.
Alfombra tejida recientemente que copia los diseños de alfombras mucho más antiguas y a menudo recibe un acabado para parecer envejecida —pelo recortado a poca altura, lavado a la piedra, exposición al sol y tintes naturales de matices suaves—, aunque no tiene antigüedad real. Son ejemplos típicos las alfombras de Peshawar (chobi) y las de estilo Oushak y kazak tejidas en Pakistán. Como los dibujos antiguos se siguen recreando, el diseño por sí solo no permite datar una alfombra, y el desgaste tampoco es una guía fiable. Los expertos se fijan más bien en el color: los tintes naturales se desvanecen poco a poco por la fibra del pelo, de la punta a la base, mientras que el color tratado suele verse blanqueado, con una banda marcada. Una alfombra supuestamente muy antigua y sin ninguna reparación puede ser una copia reciente.
Trabajo especializado para reparar alfombras dañadas: reanudado o retejido de las zonas desgastadas, parcheado, sobrehilado (rehacer el ribete del borde), tensado, sustitución de flecos y restauración del color. En una alfombra de cierta edad suelen aceptarse las reparaciones pequeñas, expertas y difíciles de ver, y la alfombra sin reparar es la que alcanza el precio más alto. En cambio, los parches, las costuras o las puntadas visibles (lo más fácil es detectarlos por el reverso) y los flecos sustituidos (los flecos son los propios extremos de la urdimbre de la alfombra, no un adorno) cuentan como reparaciones importantes que acortan la vida de la alfombra y reducen mucho su valor. Las alfombras muy antiguas suelen presentar alguna reparación, de modo que una supuesta alfombra antigua sin ninguna puede ser una recreación más reciente, aunque ese indicio por sí solo no es concluyente.
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