Práctica de dar aire y luz a una alfombra para que no se acumule en ella un aire húmedo y viciado. Cada pocos meses se sacude y se levanta la alfombra, apartando los muebles, para que el aire llegue a la parte inferior, sobre todo bajo sofás y camas, donde las polillas prefieren la oscuridad. Una alfombra situada en una estancia húmeda, como un baño, o almacenada, se saca además al exterior una o dos veces al año para que reciba el sol directo, durante unas horas o hasta un día, dejando que se sequen ambas caras y limitando la exposición del anverso, porque el sol prolongado desvanece los colores.