Agujeros y zonas comidas que dejan las larvas de polilla, u otras plagas como los ratones, al alimentarse de las fibras naturales de una alfombra. Es uno de los principales riesgos durante el almacenamiento y puede afectar por igual a alfombras usadas y nuevas, por lo que la inspección abarca tanto el anverso como el reverso, en busca de zonas que parezcan roídas. La humedad, la suciedad y los lugares oscuros, como las partes de una alfombra cubiertas por muebles pesados, atraen a las plagas; la limpieza, una buena ventilación y el aire seco son la principal prevención, junto con aspirar debajo de los muebles una o dos veces al mes y comprobar que no haya polilla, y mover los muebles para airear la alfombra cada pocos meses.