Método que consiste en pasar la aspiradora a lo ancho de la alfombra en lugar de a lo largo, de modo que la succión no arrastre el pelo en el sentido en que se asienta ni vaya a contrapelo. Se combina con un aspirador de trineo ligero sin cepillo rotativo y con mantener los flecos fuera de la máquina: pueden quedar cerca de ella, pero no deben aspirarse. El anverso se aspira cada una o dos semanas (una vez al mes en una habitación poco usada) y el reverso cada uno o dos meses, dando la vuelta a la mitad de la alfombra cada vez.
Ilustración generada: una aspiradora de trineo con cabezal de solo succión.
Aspirador cuyo motor, filtro y depósito de polvo van alojados en un cuerpo con ruedas que sigue al usuario, unido por una manguera flexible a un tubo y a un cabezal de limpieza, a diferencia del aspirador vertical, en la que el motor y el cabezal de cepillo forman una sola unidad. Para las alfombras anudadas a mano se recomienda un aspirador de trineo ligero, con un cabezal sin cepillo rotativo; se evitan las máquinas de uso intensivo y las industriales.
El rodillo giratorio de cerdas que llevan en el cabezal muchas aspiradoras verticales y con cabezal motorizado, y que golpea y agita el pelo para soltar la suciedad. En una alfombra anudada a mano resulta demasiado agresivo: aplasta el pelo y puede enganchar y deshilachar los flecos, que no deben aspirarse en absoluto. La alternativa recomendada es usar solo la succión de una aspiradora de trineo ligera, cuyo cabezal no lleve cepillo rotativo, pasándola de lado a lado a lo ancho de la alfombra y no a lo largo, contra el pelo; si solo se dispone de una máquina con cepillo rotativo, hay que desactivarlo.
Rutina de mantenimiento de los flecos de una alfombra, los extremos de urdimbre que quedan a la vista. Los flecos se dejan fuera del aspirado o, como mucho, se barren con suavidad con una escoba, porque el cepillo rotativo engancha y deshilacha los hilos, y pueden peinarse con suavidad con un cepillo de púas anchas para que no se enreden. Cuando están sucios se lavan colocándolos sobre una tabla o un listón y cepillándolos desde la alfombra hacia las puntas con jabón lavavajillas muy diluido y sin lejía, y se dejan sobre el listón hasta que estén completamente secos. Se evitan la lejía y otros productos químicos agresivos, que pueden pudrir la base.
Diversas técnicas de limpieza de alfombras y moquetas, como la extracción con agua caliente (limpieza a vapor), la limpieza en seco con compuestos absorbentes, el método bonnet o la encapsulación, cada una adecuada a un tipo de alfombra, un grado de suciedad y un tiempo de secado determinados. Las alfombras anudadas a mano requieren un cuidado más delicado: aspirar de lado a lado con una aspiradora de trineo con el cepillo rotativo desactivado, sin pasar por los flecos; pasar de vez en cuando un paño de algodón blanco con espuma de lavavajillas diluida y sin lejía, trabajando por secciones en el sentido del pelo para que se seque en aproximadamente una hora; y un lavado profesional cada 5 a 10 años, cada 3 a 5 si el tránsito es intenso, y antes de guardar una alfombra durante un año o más.