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De la región deشهربابکShahr-e Babak

Shahr-e Babak ocupa el extremo noroccidental de la provincia de KermanVer en el diccionario de alfombras, en Irán, a unos 250 km por carretera de la ciudad de Kerman y a unos 1.800 metros de altitud, sobre una meseta árida, justo en la linde donde Kerman se encuentra con YazdVer en el diccionario de alfombras. Su nombre significa «la ciudad de Babak», por el Babak o Papak que la tradición tiene por padre de Ardashir I, fundador de la dinastía sasánida; no se trata del rebelde posterior Babak Khorramdin, cuya fortaleza se alza muy lejos, en Azerbaiyán. Además de sus alfombras, el distrito es conocido por Meymand, la aldea de cuevas excavadas en la roca que la Unesco inscribió en 2015, y por la minería del cobre en Meydook. Rafsanjan queda al este y Sirjan al sur.
Esa geografía dice más que el nombre de provincia impreso en una etiqueta. Todo este ángulo noroccidental de Kerman es territorio afsharVer en el diccionario de alfombras, trabajado por un pueblo tribal de lengua túrquica cuyos rebaños y telares llevan siglos en la meseta, y el tejido afshar es una tradición con entidad propia, no una derivación aldeana de los talleres de la ciudad de Kerman. Esos talleres producen alfombras finas, de dibujo curvilíneo trazado sobre un cartón por un diseñador profesional, y cuentan además con un afamado oficio de maestros tintoreros. El tejido de Shahr-e Babak nace en el extremo opuesto de la alfombra persa: telares tribales y de aldea, la lanaVer en el diccionario de alfombras como protagonista y un dibujo hecho de líneas rectas y ángulos.
Aquí el tejido se sitúa en el extremo sedentario de esa tradición. Las tejedoras plenamente nómadas se desplazan con sus rebaños durante la primavera, el verano y el otoño, y solo tejen cuando se detienen a invernar, de modo que quedan limitadas a telares pequeños y a la lana y los tintes que haya dado la temporada. Un distrito sedentario cuenta con telares fijos de varios tamaños, un suministro más estable de hilo teñido y mejores herramientas, así que el tejido sale más regular y la variedad de formatos es mayor. Lo que no cambia es la ausencia de un plano. El dibujo se lleva en la memoria: se aprende sentándose junto a una tejedora mayor y repitiendo lo que hacen sus manos.
El diseño de los distritos afshar es, por tanto, geométrico, y se lee como una familia de unidades repetidas más que como una composición única y fluida. Cabe esperar un medallónVer en el diccionario de alfombras angular, o dos o tres apilados a lo largo del campo, con perfiles en gancho y contragancho, contornos escalonados y pequeños motivos de relleno apretados en el fondo que los rodea. Son frecuentes las repeticiones continuas por todo el campo, y también las aves estilizadas, las rosetas y las retículas de rombos. La cenefa suele resolverse en varias bandas estrechas en lugar de una sola ancha. La mano de la tejedora asoma en pequeñas asimetrías: un motivo que cambia de color a media altura del campo o una cenefa que se acomoda sobre la marcha para encajar en la esquina.
Entre esos motivos, el botehVer en el diccionario de alfombras es el que más compradores reconocen a primera vista, y es un recurso constante en todos los distritos afshar. La palabra, en farsi, designa un capullo o una planta joven, y en la cultura persa la forma simboliza el crecimiento y la regeneración; en una alfombra se lee como una lágrima, una llama o una piña con la punta doblada, repetida en hileras por el campo o agrupada dentro de un medallón. Los talleres urbanos lo dibujan con curvas suaves. En un telarVer en el diccionario de alfombras afshar sale de hombros cuadrados y perfilado, cada uno algo distinto de su vecino, a menudo dispuesto en hileras diagonales ordenadas sobre un fondo liso.
La lana de la meseta de Kerman es el material que da su prestigio a las alfombras de la provincia. Las ovejas de la zona desarrollan un vellón exterior basto sobre una capa interior fina y suave, conocida como kork, y es el kork lo que va a las buenas alfombras de la región. Hilado a mano, admite el tinte en profundidad y conserva un brillo suave. Como las tejedoras tribales y de aldea esquilan, hilan y tiñen tradicionalmente su propia materia prima, el hilo de una pieza antigua puede variar ligeramente de grosor, y de ahí viene esa superficie de peloVer en el diccionario de alfombras levemente irregular, de hechura manual.
El color sigue una escala más corta y más meditada que la de las alfombras urbanas de la misma provincia, capaces de reunir entre quince y treinta tonos distintos. El tinte de aldea y de tribu trabaja con lo que crece cerca y con los clásicos de fiar: rubia para la gama del rojo al teja, índigo para los azules medios y oscuros, cáscara de nuez y otras cortezas para los marrones, y el marfil sin teñir y el vellón marrón natural tal como salen de la oveja. El resultado es una paleta corta empleada en contrastes fuertes. El abrashVer en el diccionario de alfombras, esa banda horizontal tenue que aparece donde termina un baño de tinte y empieza el siguiente, es aquí lo normal y no un defecto.
La construcción es de lana ante todo. El pelo es íntegramente de lana, y la base puede ser de lana o de algodón: la lana resulta más habitual en las piezas antiguas y de tamaño menor, y el algodón en las posteriores y más grandes; ambas son correctas en el distrito. La densidadVer en el diccionario de alfombras de nudo es moderada, no fina, y lo es a propósito: queda por encima del trabajo puramente nómada y por debajo de los talleres urbanos, porque un dibujo geométrico no necesita una retícula densa para salir limpio. El resultado es una alfombra relativamente gruesa y robusta, que aguanta bien el tránsito diario y resulta más llevadera en el uso cotidiano que una pieza fina de seda y lana.
Los formatos tienden a ser modestos. Los telares afshar dan muchísimas alfombras pequeñas y medianas, tamaños de paso y piezas casi cuadradas que nacieron como caras de alforja y mantas de montura, más que las grandes alfombras de salón que se encargaban a medida en las ciudades. Eso encaja bien en una casa de hoy: un pasillo, el lado de la cama, el espacio delante del sofá o dos piezas combinadas. Además, la geometría se sostiene a distancia, de manera que una alfombra pequeña con estos dibujos se lee con claridad desde el otro extremo de la habitación, cosa que no suele ocurrir con un diseño floral de trazo fino del mismo tamaño.
En el comercio, el trabajo de este rincón de la provincia puede ofrecerse como afshar, bajo el nombre de un distrito vecino como Sirjan o Baft, o sencillamente como Kerman, porque el nombre de la provincia viaja con la producción de sus distritos desde que Kerman se convirtió, en el siglo XIX, en uno de los centros que abastecían al mercado europeo. Conviene saber qué nombre se tiene delante. Una alfombra de distrito afshar es un tejido tribal y de aldea con un vocabulario propio, y hay que juzgarla por la calidad de su lana, por la claridad de su dibujo y por la honestidad de sus tintes, no medirla contra una alfombra urbana que nunca pretendió ser.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
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Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.