Envío gratuito
Cargando resultados…
De la región deسیرجانSirjan

Sirjan queda al oeste de la provincia de KermanVer en el diccionario de alfombras, en el centro-sur de Irán, a unos 170 km al oeste de la ciudad de Kerman, sobre la meseta alta que se extiende hasta el límite con Fars. Si la población creció donde creció fue por el camino: la ruta de caravanas que venía de Fars y de los puertos del golfo Pérsico llegaba a Kerman pasando por Sirjan, y desde Kerman las mercancías seguían hacia Jorasán y la India. Ese tráfico entre Irán y la India dio prosperidad a la comarca mucho antes de que allí se tejiera nada para vender. El tejido empezó aquí como labor doméstica y tribal, no como industria, y ese origen todavía se nota en las alfombras.
Durante casi todo el siglo XIX y los primeros años del XX la ciudad se llamó Sa'idabad, y solo más tarde recuperó su nombre antiguo, Sirjan, que era el de la ciudad medieval que hizo de capital de la región de Kerman antes de que la propia Kerman la eclipsara. Ese cambio explica un pequeño enigma de la literatura sobre alfombras: Sirjan aparece tarde como denominación comercial, mientras que el tejido al que da nombre es bastante más antiguo. Las piezas de aquella época anterior llegaron al mercado con el nombre de Sa'idabad o, mucho más a menudo, sin más nombre que el de la tribu que las había tejido.
Esos tejedores son los afsharVer en el diccionario de alfombras, una confederación tribal de estirpe túrquica reasentada en la región de Kerman desde el noroeste de Irán, en una fecha que la tradición sitúa en época safávida. Parte de sus descendientes siguió con la vida pastoril y se movía con los rebaños entre los pastos de verano y los de invierno; muchos se instalaron en los pueblos de la mitad occidental de la provincia, alrededor de la propia Sirjan y hacia Baft, Shahr-e Babak y Rafsanyán. En Sirjan se reunía, se clasificaba y se revendía su trabajo, así que el nombre de la ciudad acabó puesto a alfombras tejidas a muchos kilómetros a la redonda. Una alfombra de Sirjan lleva el nombre de un mercado y no el de un taller, y por eso dos piezas con la misma etiqueta pueden diferir bastante entre sí.
La ciudad de Kerman, allá al este, producía algo completamente distinto: alfombras urbanas de taller, tejidas a partir de cartones que dibujaban diseñadores profesionales, sobre base de algodón, en lana korkVer en el diccionario de alfombras finísima, la del vellón interior, con paletas de quince a treinta colores mezcladas por maestros tintoreros y algunas de las densidades de nudo más altas de Persia. Sirjan está en el polo opuesto de esa misma provincia. Aquí no rige nada de ese aparato de taller, y quien atribuya a Sirjan la finura de la ciudad de Kerman está describiendo otra alfombra.
Los tejedores de los pueblos de la comarca trabajaban sin cartones. Los dibujos salían de la memoria y se transmitían de una generación a otra, y esa es la razón de fondo de que sean geométricos: la línea recta, el panel repetido y el perfil escalonado aguantan bien ese viaje en la cabeza; una rama floral curva, no. El repertorio toma lo que los tejedores tenían alrededor, animales, aves, objetos de la casa, plantas y árboles, junto a formas botehVer en el diccionario de alfombras, rosetas y retículas de rombos. Medallones hay, pero se llega a ellos por geometría, levantados con ganchos y escalones en lugar de trazados como una curva. No hay dos piezas iguales, y las pequeñas asimetrías son señal del método, no un defecto.
Los colores son intensos, de tonos joya. Lo más frecuente son los fondos de rojo profundo y azul marino oscuro, sobre los que destacan el oro azafrán, el índigo, el verde y el marfil sin teñir, y en una pieza antigua se ven a menudo dos o tres matices del mismo rojo, allí donde quien tejía pasó de una partida de tinte a la siguiente. Esa variación en franjas es normal en la lanaVer en el diccionario de alfombras teñida en partidas pequeñas y suele leerse como prueba del tinte a mano, no como un fallo. El contraste suele ser fuerte en toda la pieza, porque estos dibujos dependen de la limpieza del perfil y no del degradado.
La lana salía de los rebaños de los propios tejedores. La lana tribal del sur de Irán es una lana dura de tejer, más gruesa y menos dócil en el telarVer en el diccionario de alfombras que el vellón fino que compra un taller urbano, y da una alfombra que aguanta muy bien el uso sin dejar de resultar suave al pisarla. El peloVer en el diccionario de alfombras suele ser de altura media, no largo. Las piezas antiguas de la comarca se montan casi siempre sobre base de lanaVer en el diccionario de alfombras, urdimbre y tramaVer en el diccionario de alfombras por igual, que es la costumbre tribal más antigua; las urdimbres de algodón se generalizaron a medida que la producción se asentaba en los pueblos y el algodón se volvió fácil de comprar.
En la comarca aparecen los dos tipos de nudo, el simétrico y el asimétrico, y la densidadVer en el diccionario de alfombras es moderada y algo irregular, la que da una lana hilada a manoVer en el diccionario de alfombras sobre un telar sencillo. La finura del dibujo no es lo que busca este tejido. Una alfombra de Sirjan está hecha para pisarla, y la combinación de lana resistente, pelo medio y estructura robusta encaja en pasillos, cocinas y estancias por las que se pasa de verdad, donde una alfombra urbana de nudo fino se desaprovecharía. Las piezas antiguas varían, de modo que conviene juzgarlas por el tacto: deben notarse densas y flexibles, nunca delgadas ni acartonadas.
El tamaño lo decide el telar. Un grupo que se desplaza no puede cargar con uno grande, así que la producción de la comarca se mueve en formatos pequeños y medianos, en torno a 1,2 por 1,8 y 1,5 por 2,1 metros, junto a las alfombras de pasillo y a las labores menudas de la vida pastoril, alforjas, mantas de montura y fundas de cojín. La costumbre sobrevivió a las tiendas de campaña: pueblos que podrían haber montado telares más anchos siguieron tejiendo las medidas de siempre. Las piezas realmente grandes, de las que cubren una habitación entera, son poco frecuentes aquí, y cuanto más antigua es la alfombra menos probable resulta que sea grande. A quien busque una sola alfombra que cubra un salón amplio suele convenirle otra procedencia; el punto fuerte de esta comarca es la pieza pequeña.
Los tejidos planos son la otra mitad de lo que abarca el nombre. Sirjan tiene una larga tradición de kilimVer en el diccionario de alfombras y sumak que se vendía en el mismo bazar: el kilim, tejido liso y sin pelo alguno, y el sumak, que se construye envolviendo la trama de color alrededor de los hilos de urdimbre, lo que da una cara acanalada, casi bordada, y un tacto más pesado y compacto. Los dos se hicieron para la casa antes que para la venta, por las mismas manos y en los mismos telares, de manera que un tejido planoVer en el diccionario de alfombras de la comarca comparte la geometría y la paleta de sus alfombras de pelo en lugar de formar una tradición aparte. La demanda europea, del siglo XIX en adelante, arrastró a la provincia de Kerman al tejido de exportación, y el género rural de Sirjan viajó por ese mismo canal.

Una alfombra persa es una alfombra anudada a mano en Irán, y la tradición que hay detrás es la más antigua documentada del mundo. La alfombra más antigua que ha llegado hasta nosotros, la alfombra de PazyrykVer en el diccionario de alfombras, se halló conservada en el hielo de un túmulo funerario y data del siglo V a. C. —hace unos 2500 años—, y es ya una obra de gran maestría, no el trabajo de un principiante. Lo que empezó como piezas cálidas y resistentes para cubrir el suelo de los hogares tribales se convirtió, a lo largo de esos siglos, en el arte del que han bebido todos los demás países tejedores de alfombras.
Dos capítulos posteriores definieron el aspecto que tiene hoy una alfombra persa. Bajo la dinastía safávidaVer en el diccionario de alfombras, de 1501 a 1732, la corte promovió el tejido junto a la pintura y la caligrafía, y los talleres de TabrizVer en el diccionario de alfombras, HeratVer en el diccionario de alfombras, KashanVer en el diccionario de alfombras y KermanVer en el diccionario de alfombras produjeron las obras maestras que hoy se exhiben en los museos. Fue entonces cuando apareció el gran medallón centralVer en el diccionario de alfombras y cuando los diseños se volvieron tan complejos que un diseñador aparte —a menudo un pintor de miniaturas— trazaba el dibujo sobre un cartón, un plano a escala que luego seguía el tejedor. El segundo capítulo llegó en el siglo XIX, bajo la dinastía qajarVer en el diccionario de alfombras: la producción alcanzó su máximo histórico, las exportaciones a Europa y América se dispararon y la industria de talleres cuyos herederos siguen tejiendo hoy adquirió su forma moderna.
El comercio de alfombras orientales agrupa las alfombras persas en tres familias. Las alfombras de ciudad —Tabriz, Kashan, Kerman, NainVer en el diccionario de alfombras, IsfahánVer en el diccionario de alfombras— se tejen en talleres a partir de un diseño dibujado, alcanzan las mayores densidades de nudos y ofrecen la gama más amplia de colores, medidas y dibujos. Las alfombras de aldea, como las HerizVer en el diccionario de alfombras, BakhtiariVer en el diccionario de alfombras y KarajaVer en el diccionario de alfombras, quedan a medio camino: son sobre todo geométricas y en gran parte se tejen de memoria. Las alfombras tribales —BaluchVer en el diccionario de alfombras, turcomanas, QashqaiVer en el diccionario de alfombras, cada una con el nombre del pueblo que la teje— se hacen en pequeños telares portátiles, por lo que suelen ser de menor tamaño, y su audaz dibujo geométrico sale de la cabeza del propio tejedor y no de un papel.
El vocabulario de diseño recurre a un amplio repertorio de motivos: palmetas Shah AbbasiVer en el diccionario de alfombras, arabescos fluidos, el pequeño motivo Herati repetido una y otra vez, medallones, composiciones de jardín y de árbol de la vidaVer en el diccionario de alfombras. Combinados con los usos de cada región, dan lugar a estilos que un ojo entrenado sitúa de un vistazo, desde los rotundos medallones geométricos de Heriz hasta los finos motivos florales curvilíneos de Isfahán.
La paleta clásica se basa en tintes naturales: rojos de rubia, azules índigo, amarillos azafrán y suaves tonos marfil, en combinaciones depuradas a lo largo de los siglos. Los tintes naturales envejecen con elegancia y se suavizan hasta formar la pátina tan apreciada en las alfombras de más edad, y las ligeras variaciones de tono entre un lote de tinteVer en el diccionario de alfombras y otro —el efecto llamado abrashVer en el diccionario de alfombras— son la marca de un teñido natural en pequeños lotes, no un defecto.
El peloVer en el diccionario de alfombras es casi siempre de lanaVer en el diccionario de alfombras, y la lana decide buena parte de la calidad de la alfombra. El mejor vellón procede de rebaños de alta montaña, donde crece más grueso y más rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras; la lana de la esquila de primavera supera a la de la esquila de otoño, y el hilado a mano da un hilo más fino y suave que el hilado a máquina. Las buenas piezas añaden realces de seda al pelo de lana, y las más finas se tejen en seda pura. La base suele ser de algodón en las alfombras de ciudad, de lana en las tribales y en las piezas más antiguas, y de seda en lo más alto de la gama.
Cada nudo se ata a mano, uno a uno, de una de dos formas: el nudo persaVer en el diccionario de alfombras asimétrico, habitual en el centro y el este de Irán, o el nudo turcoVer en el diccionario de alfombras simétrico, común en el noroeste desde que los tejedores selyúcidas lo introdujeron en los siglos XI y XII. Una alfombra grande reúne del orden de dos millones de nudos y puede ocupar a un tejedor cerca de un año.
La densidad de nudosVer en el diccionario de alfombras es la cifra que más obsesiona a quien se inicia, y las piezas más finas con base de sedaVer en el diccionario de alfombras llegan a los 1000 nudos por pulgada cuadrada. Pero la densidadVer en el diccionario de alfombras solo importa en la medida en que el dibujo la exige: un Isfahán de dibujo curvilíneo necesita un tejido fino para mantenerse nítido, mientras que un Heriz geométrico es famoso por su resistencia con un número de nudos modesto. El material, la simetría, la armonía del color y el estado dicen más de la calidad que cualquier cifra aislada.
Las alfombras persas se integran en las estancias modernas con la misma naturalidad que en las clásicas: como punto focal del salón, bajo la mesa del comedor para asentar el conjunto o como un toque más discreto en el dormitorio. Su cuidado es sencillo: un aspirado suave sin cepillo giratorioVer en el diccionario de alfombras, un giro de vez en cuando para que el desgaste sea uniforme y un lavado profesional aproximadamente cada cinco años, antes en un pasillo o una entrada y con menos frecuencia en una estancia poco transitada.
Una alfombra persa anudada a mano suele sobrevivir a sus dueños. Es habitual que piezas centenarias lleguen hasta hoy en buen estado, con los colores asentados y el pelo flexible, y a menudo con mejor aspecto que cuando salieron del telarVer en el diccionario de alfombras. Una alfombra bien elegida y bien cuidada conserva su valor y pasa de generación en generación como reliquia familiar en lugar de sustituirse; para eso, precisamente, han servido siempre los nudos, la lana y los tintes.
Nuestra familia lleva dos generaciones en el comercio de alfombras. Pregúntanos lo que quieras: fotos, videollamadas, consejos de medidas.
Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.