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De la región deकाठमाडौँKatmandú

Katmandú es la capital de Nepal y la ciudad principal del valle homónimo, en la provincia de Bagmati. Su nombre procede del Kasthamandap, el pabellón de madera de Maru Tole, junto a la antigua plaza Durbar; los reyes Malla la gobernaron con el nombre de Kantipur y sus habitantes newar la siguen llamando Yen. El tejido, sin embargo, pertenece al valle más que al callejero de la capital: los telares y los talleres de acabado se reparten por la propia Katmandú; por el barrio tibetano que rodea Boudhanath, en el noreste de la ciudad; al otro lado del río, en Lalitpur (la antigua Patan), en torno a Jawalakhel, y más al este, en dirección a Bhaktapur. Una alfombra vendida bajo el nombre de Katmandú procede de ese conjunto de talleres, no de un barrio concreto de la ciudad.
Antes de mediados del siglo XX, Nepal no contaba con ninguna industria de alfombras anudadas de alcance comercial. Lo que existe hoy se levantó casi de la nada a partir de 1959, cuando familias tibetanas que habían cruzado el Himalaya fueron reasentadas en el valle y se abrió en Jawalakhel un centro artesanal, con asistencia técnica suiza, para darles un trabajo que ya sabían hacer. El oficio era tibetano, no autóctono, y su mercado fue extranjero desde el primer día: primero los viajeros que pasaban por Katmandú y después los importadores de otros países. En una sola generación, la alfombra se convirtió en una de las mayores exportaciones manufacturadas del país, y el valle en su principal centro de producción. Es una tradición joven, y esa juventud explica buena parte del aspecto de estas alfombras.
El modo de anudar es lo que con más claridad separa estas alfombras de las persas. En lugar de atar un nudo independiente sobre cada par de hilos de urdimbre, la tejedora hace correr una hebra continua a lo largo de toda la fila, rodeando con ella los pares de urdimbre y, por delante de estos, una varilla metálica que actúa de calibre. Terminada la fila, los bucles se cortan a lo largo de la varilla y la varilla se retira, de modo que queda una hilera de peloVer en el diccionario de alfombras acabada. Es el nudo tibetano o nudo de bucleVer en el diccionario de alfombras, y da un pelo denso, mullido y algo lanudo al pisarlo, de trazo más blando y menos exacto que el del nudo persaVer en el diccionario de alfombras.
La densidadVer en el diccionario de alfombras también se expresa aquí de otra manera. Las alfombras del Himalaya se clasifican tradicionalmente por el número de nudosVer en el diccionario de alfombras por pulgada en horizontal, en calidades de 60, de 80 o de 100 nudos, mientras que las persas y casi todas las demás alfombras anudadas a mano se miden en nudos por pulgada cuadrada, lo que el oficio abrevia como KPSI: se cuentan por el revés sobre una pulgada en cada sentido y se promedian en dos o tres zonas del dibujo. Las dos cifras no son equivalentes y compararlas dice muy poco. Importa más si la densidad corresponde al dibujo: el detalle fino y las líneas curvas la necesitan o se emborronan, los fondos despejados y la geometría no, y no pocas alfombras bastas duran más que otras finas.
La lanaVer en el diccionario de alfombras llega de dos procedencias y, casi siempre, de las dos a la vez. El vellón de altura de la meseta tibetana es basto, de fibra larga y muy rico en lanolinaVer en el diccionario de alfombras: resiste el uso y admite el tinte con verdadera profundidad. La lana neozelandesaVer en el diccionario de alfombras es más blanca, más regular y se hila con más facilidad, y mezclar ambas es la práctica habitual, no una concesión. El cardado y el hilado se siguen haciendo a menudo a mano, lo que deja el hilo ligeramente irregular, y de esa irregularidad depende en buena medida la forma en que la superficie recoge la luz. A veces se añade seda o viscosaVer en el diccionario de alfombras de bambú en pequeña proporción para dar brillos. La base es casi siempre de algodón, que mantiene las medidas allí donde una base de lanaVer en el diccionario de alfombras encoge y tira.
En el color es donde el valle se aparta de manera más visible del repertorio oriental antiguo. Se emplean tintes vegetales obtenidos de plantas, semillas y flores, que dan fondos profundos y armoniosos, pero buena parte de la producción recurre a tintes modernos, porque los grises, los tonos arena y antracita y los pasteles lavados que pide el mercado nunca formaron parte de la paleta de un tintorero tradicional. El abrashVer en el diccionario de alfombras, esas franjas graduales de tono que aparece cuando una partida de tinte da paso a la siguiente o cuando la lana tomó el color de forma desigual, surge aquí con la misma facilidad que en cualquier otro sitio y suele aceptarse de buen grado en lugar de corregirse. Como un encargo entero se tiñe de una vez, el color resulta aun así más uniforme que en el tejido de aldea, donde el hilo se compra y se tiñe en pequeñas partidas.
Los dibujos van de lo más sencillo a lo casi arquitectónico. Sobreviven motivos tibetanos antiguos, como las flores de loto, las bandas de nubesVer en el diccionario de alfombras, los dragones y los pequeños medallones del khaden, la alfombra tibetana para dormir, pero el grueso de lo que teje el valle es moderno: campos abstractos, rayas y retículas, texturas tono sobre tono, fondos sin cenefa en los que el interés está en la superficie y no en un dibujo trazado. El pelo mixto, cortado y en bucle, con zonas que se dejan sin cortar, es uno de los recursos habituales para conseguir esa textura. Como la industria nació para exportar, acepta el encargo a medida con una facilidad poco común: medidas, formas y combinaciones de color a la carta son peticiones corrientes, no excepciones.
En el uso diario son alfombras resistentes. El nudo de bucle concentra mucha lana en el pelo, así que la pieza se nota gruesa y elástica al pisarla y aguanta bien un pasillo o una sala de estar familiar con mucho trajín, y su trazo más blando hace que el desgaste se note menos que en un campo floral de nudo fino. Las medidas tienden a ser grandes, porque los telares se montaron para encargos de proyectos y para la exportación, de manera que encontrar piezas realmente amplias, de las que cubren una habitación entera, resulta más fácil aquí que en la mayoría de las regiones tejedoras. El oficio cuenta además con certificación independiente contra el trabajo infantil desde los años noventa, cuando se crearon los primeros sellos para las alfombras del sur de Asia, y las piezas etiquetadas son parte normal del mercado.

Las alfombras nepalíes recogen las tradiciones textiles del Himalaya y reúnen estilos y técnicas de distintas regiones del país. Este oficio nació de siglos de intercambio a lo largo de las antiguas rutas comerciales entre el Tíbet, Nepal e India; por eso el comercio suele catalogar cada una de estas piezas simplemente como alfombra tibetana.
Los cimientos de la industria alfombrera de Nepal están en el característico nudo tibetano, una técnica conservada y adaptada en todos los centros de tejido del país. Como toda alfombra anudada a mano, una alfombra nepalí se teje nudo a nudo durante meses en el telarVer en el diccionario de alfombras; el método tibetano, que consiste en enrollar el hilo alrededor de una varilla, da un peloVer en el diccionario de alfombras uniforme y denso, con un carácter propio.
Los alfombreros de Nepal trabajan con una gran variedad de lanas, desde las variedades tibetanas de alta montaña, propias de la clásica alfombra de lanaVer en el diccionario de alfombras tibetana, hasta el vellón de Nueva Zelanda. Esa diversidad de materiales, combinada con proporciones variables de seda china e india, permite a cada taller desarrollar sus propias texturas y acabados.
Las tradiciones de teñido varían según la región. Los talleres de montaña suelen preferir los tintes naturales, mientras que los grandes centros de producción combinan técnicas de teñido tradicionales y modernas; por eso la paleta disponible va de los tonos vegetales apagados a los colores contemporáneos más intensos.
El diseño nepalí contemporáneo refleja la herencia cultural plural del país, desde los motivos tradicionales budistas e hindúes hasta las composiciones abstractas modernas. Cada taller conserva su propio lenguaje de diseño sin dejar de participar en la evolución general del oficio.
La densidadVer en el diccionario de alfombras suele oscilar entre 60 y 100 nudos por pulgada cuadradaVer en el diccionario de alfombras, y los talleres especializados alcanzan densidades mayores. Es un margen razonable para estos diseños: un dibujo audaz y con mucha textura no necesita un número extremo de nudos para verse con nitidez ni para resistir bien el uso.
Muchos talleres nepalíes mantienen sólidas prácticas éticas y apoyan a sus comunidades con iniciativas por unas condiciones laborales justas y programas sociales; además, cada vez se da más importancia a la responsabilidad medioambiental, aunque el enfoque varía de un productor a otro.
La producción va desde pequeños talleres de aldea hasta grandes centros manufactureros, y cada uno aporta su propio carácter a la tradición. Esa diversidad de escala y de estilo explica en parte la amplitud del tejido nepalí, que abarca desde lo tradicional hasta lo decididamente moderno.
Las alfombras de Nepal cubren un verdadero abanico de calidades y diseños, desde piezas para el día a día hasta piezas de coleccionista. La variedad de técnicas regionales hace que exista una alfombra nepalí para casi todos los gustos y presupuestos, sin que se diluya la reputación de solidez del tejido del país.
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Guías de nuestro taller familiar: cómo limpiar, colocar y cuidar alfombras anudadas a mano.