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Envíe fotos de su alfombra y reciba una tasación profesional: alfombras persas, orientales y antiguas valoradas de forma rápida, fiable y totalmente online
Nota importante: Las valoraciones suelen tardar entre 24 y 48 horas en completarse tras el envío.
Una tasación de alfombra es valiosa para seguros, planificación patrimonial, compra/venta, fines legales, donaciones y para comprender el significado histórico de una alfombra.
En todos estos escenarios, es esencial buscar los servicios de un tasador de alfombras calificado y de buena reputación, idealmente uno que se especialice en el tipo de alfombra que posee. Esto asegura una tasación precisa y confiable.
Utilice nuestro servicio de tasador cualificado para obtener resultados precisos y fiables.
Ningún indicio basta para decidir la tasación de una alfombra persa u oriental anudada a mano: el experto interpreta muchos a la vez y los contrasta entre sí. Pocos pesan tanto como la antigüedad, y pocos son tan difíciles de juzgar: hace falta un ojo entrenado en muchísimas alfombras.
Una alfombra nueva se tasa primero por lo que costaría tejerla hoy y, después, por la lana, los tintes y la base, la armonía de los colores, la rareza del diseño, la regularidad del tejido (una pieza grande exige que varios tejedores mantengan el mismo ritmo y la misma tensión) y lo recta y simétrica que sea. En una alfombra semiantigua, de hasta unos 60–70 años, se suma el estado, y no todo pesa igual: una reparación pequeña y discreta suele aceptarse, mientras que una reparación importante le resta mucho valor. En una antigua, de más de 100 años, se suman la edad en sí y el valor artístico, y la rareza cuenta mucho más que en las piezas más recientes.
El desgaste del frente puede engañar: una alfombra antigua bien cuidada puede conservar el pelo entero, mientras que una nueva puede llevarlo muy recortado para aparentar antigüedad o, si está mal hecha, gastarse antes de tiempo. El reverso habla más claro. Tras décadas de pisadas, el de una alfombra con años se ve pulido, y el de una muy antigua puede resultar arenoso al tacto, mientras que el de una alfombra reciente todavía muestra pelusa. Un anudado fino que se ha vuelto flexible también sugiere el paso de los años. Y es por el reverso donde mejor se aprecian las reparaciones. Las alfombras de gran antigüedad a menudo tienen alguna, así que una que se vende como antigua sin ninguna merece un examen más atento, aunque una alfombra guardada durante mucho tiempo quizá nunca haya necesitado ninguna.
Al abrir el pelo se ve cada color de la punta a la raíz. Si el tono se oscurece de forma marcada hacia la raíz, probablemente la luz ha decolorado un tinte sintético, y difícilmente la alfombra será anterior a finales del siglo XIX. Los tintes naturales, casi universales hasta la década de 1860, se matizan de forma suave y uniforme. El color envejecido con tratamientos se ve desvaído, con el tono cortado en una línea marcada a media altura de la fibra. En una alfombra de cierta edad, el abrash y el tono cambiante de la lana crema sin teñir son rasgos naturales, no defectos, aunque el abrash puede imitarse y, por tanto, no prueba la edad. En cambio, el corrimiento del color o una decoloración irregular por el sol son defectos de estado.
Algunos diseños pertenecen a una época, como el Ziegler Mahal: la alfombra Ziegler nació a finales del siglo XIX pensada para el comprador europeo. Los estilos locales también evolucionan: en la zona de Heriz, las Bakshaish, tribales y de trazo suelto (de la década de 1870 y anteriores), dieron paso a finales del siglo XIX a las Serapi, más ordenadas pero aún despejadas, y estas, desde la década de 1910, a los diseños Heriz actuales, más cargados. Los dibujos antiguos se siguen copiando, así que el diseño nunca decide por sí solo. Desde aproximadamente la década de 1930, el algodón hilado a máquina sustituyó a la lana en la base de muchas alfombras, un indicio que hay que interpretar según el tipo de pieza: las de ciudad y muchas de aldea ya se tejían sobre algodón mucho antes, y los tejedores tribales a menudo siguen usando lana.
La densidad es un rasgo propio de la región y del diseño, y por sí sola no determina la calidad. Las alfombras modernas a menudo tienen más nudos que las de los siglos XVIII o XIX, y las alfombras de seda antiguas también son densas, así que la cifra solo es un indicio complementario para datar una pieza. Su peso en el valor depende del dibujo; véanse las preguntas frecuentes, más abajo.
Una firma tejida vincula una alfombra de ciudad con el nivel de exigencia del taller que la tejió; por eso las piezas firmadas de talleres de renombre alcanzan precios más altos y atraen a los coleccionistas, sobre todo cuando el taller ha dejado de tejer o de firmar. Las alfombras firmadas del taller Saber de Mashhad, por ejemplo, hoy escasean. Una alfombra de taller no tiene por qué ir firmada, y una firma solo cuenta si el dibujo, los materiales y el anudado concuerdan con ella.
Las fotos muestran muchos de estos indicios: el reverso, los nudos, los colores, el contorno. Solo unos pocos, como un reverso arenoso o un anudado fino que se ha vuelto flexible, dependen del tacto y exigen tener la alfombra entre las manos.
Más información en nuestro diccionario de alfombras:
Depende del origen, la antigüedad, los materiales, la densidad de nudos, el tamaño, el estado y la demanda actual. Los tasadores valoran según tres franjas de antigüedad —nueva, semiantigua (hasta unos 60–70 años) y antigua (más de 100)—, y cuanto más antigua es la franja, más pesa el estado: las reparaciones, el corrimiento del color, si el pelo se ha desgastado de forma uniforme. La densidad de nudos solo cuenta en la medida en que el diseño la necesita, y los tintes ayudan a datar una pieza: los colores sintéticos que han perdido intensidad hacia las puntas indican que la pieza se tejió a partir de finales del siglo XIX. Una alfombra hecha a máquina rara vez conserva valor de reventa; las piezas persas, orientales y antiguas anudadas a mano pueden valer desde unos cientos hasta muchos miles de euros. Nuestra tasación le dice cuánto vale exactamente la suya, y por qué.
Por sí sola, no. La densidad de nudos mide la finura con que se ha tejido una alfombra anudada a mano y se expresa en nudos por pulgada cuadrada (KPSI); 1 KPSI equivale a unos 15,5 nudos por 10 × 10 cm. Se cuenta por el reverso: se multiplican los nudos de una pulgada a lo largo por los de una pulgada a lo ancho y se calcula la media de dos o tres zonas. Una densidad alta mantiene nítido el detalle curvilíneo; un dibujo geométrico de trazo audaz no la necesita, y las alfombras Heriz y Bijar son duraderas con densidades modestas. Más nudos suponen más mano de obra cualificada, pero solo aportan valor en la medida en que el dibujo los necesita; el diseño, la simetría, el color, los materiales, el taller, la antigüedad y el estado pesan tanto o más. Muchas alfombras antiguas valiosas tienen un anudado menos fino que las piezas nuevas de alta densidad (las alfombras Kashan antiguas finas rondan entre 240 y 330 KPSI), y una densidad muy alta no garantiza nada. En el paso 3, una regla junto a los nudos nos ayuda a evaluar la densidad de su alfombra.
Fotografíe su alfombra —el frente, el reverso y un primer plano de los nudos—, suba las fotos con sus medidas y nuestros especialistas identificarán el origen, la técnica y la calidad. Recibirá su valoración en un plazo de 24 a 48 horas.
Sí, en la mayoría de los casos. El reverso muestra el anudado, el indicador más claro de cómo y dónde se hizo la pieza. Con fotos nítidas del frente, el reverso y los bordes, más las medidas exactas, un tasador experimentado puede identificarla con seguridad; si las fotos no bastaran, le pediremos más antes de completar la tasación.
Sí: las alfombras persas, orientales, turcas, caucásicas y antiguas anudadas a mano son precisamente nuestra especialidad. Trabajamos con estas piezas a diario en nuestra tienda y taller de restauración, y ese conocimiento del mercado es la base de su valoración.
Sí. Una valoración por escrito documenta el valor de su alfombra para pólizas y reclamaciones de seguro o para una herencia, y le da un precio de venta realista —y argumentos para negociar— cuando decida venderla.